El día 9 de diciembre nos reunimos para realizar el acto de clausura de cursos correspondiente al año lectivo 2011.
En el marco del bicentenario de nuestra patria, hemos mantenido un año más el lema “Libres para elegir, responsables para actuar”, contenido que ha sido trabajado durante todo este año.
Iniciamos el acto recibiendo de pie a las banderas e invitando a todos los presentes a entonar las estrofas del Himno Nacional.
Los alumnos que durante este año 2011 portaron los Símbolos Patrios, delegan en los compañeros que permanecen en el colegio, este gran honor.
Un año más que culmina…
Para algunos es el fin de una etapa… el cierre de un ciclo….
Los alumnos de nivel inicial 5 años suben al escenario y como gesto de una etapa cumplida entregan la túnica de color que los ha identificado, luciendo la túnica blanca a partir de ese momento. La maestra les leyó un mensaje que les preparó.
El colegio aspira a la formación integral de sus alumnos por eso damos importancia a la formación académica y a la formación en los valores del evangelio, dentro de éstos buscamos desarrollar los relacionados con la convivencia, los que construyen la fraternidad y el compañerismo. Como todos los años se reconoce a los alumnos que fueron elegidos por sus pares como mejores compañeros y se les entrega un diploma.
También para los alumnos de 6° año culmina una etapa, la escolar, para emprender nuevos desafíos y oportunidades. Todos los alumnos desde jardinera hasta 5º año despiden a sus compañeros de 6º con una canción que prepararon con las profesoras de música.
Los alumnos de 6° año, como símbolo de que la etapa ha terminado dejan la insignia escolar y sus padres les colocan la corbata que formará parte del uniforme de educación media.
Mientras los padres les colocaban la corbata la maestra les leyó un mensaje: trabajaron mucho, sin descuidar los detalles, compartiendo y ayudándose a crecer. Disfrutamos juntos….
Junto a tu familia quisimos educarte en la fe, en libertad, sembrando valores y conocimientos que los ayudarán a crecer como personas. Seguramente que los logros que el colegio consiguió, gracias al esfuerzo de toda la comunidad, se convirtieron en un paso importante y significativo en la vida de cada uno de ustedes y de sus familias.
Hoy una mezcla de sentimientos nos conmociona: alegría por llegar a la finalización del curso… constatar logros… y comenzar unas merecidas vacaciones….nostalgia porque despedimos a una nueva promoción de niños y niñas, a la que como colegio vimos crecer…. Expectativas e inquietudes por el nuevo camino que van a transitar…
Les decimos que sigan estudiando con entusiasmo y responsabilidad, así podrán alcanzar sus sueños, la vida es aprender siempre, en todas partes y hasta el final. Continúen trabajando en torno a los valores de Jesús que les trasmitimos, que les permitirán ser buenas personas y tender redes de solidaridad, paz y amor.
Para finalizar este acto académico después de despedir a los Pabellones Patrios, los padres de la comisión, exalumnos, alumnos y hermanas, orientados por la profesora de teatro hicieron una representación del Pesebre Viviente.
De patio en patio, de jardín en jardín y de sala en sala se fue internando en las mansiones celestiales, hasta que desembocó en lo que tendría que ser la oficina de Tata Dios. Por supuesto, estaba abierta también ella de par en par. Titubeó un poquito antes de entrar. Pero en el cielo todo termina por inspirar confianza. Así que penetró en la sala ocupada en su centro por el escritorio de Tata Dios. Y sobre el escritorio estaban sus anteojos. Nuestro amigo no pudo resistir la tentación — santa tentación al fin — de echar una miradita hacia la tierra con los anteojos de Tata Dios. Y fue ponérselos y caer en éxtasis. ¡Que maravilla! Se veía todo clarito y patente. Con esos anteojos se lograba ver la realidad profunda de todo y de todos sin la menor dificultad. Pudo mirar profundo de las intenciones de los políticos, las auténticas razones de los economistas, los sufrimientos de las dos terceras partes de la humanidad. Todo estaba patente a los anteojos de Dios.
Entonces se le ocurrió una idea. Trataría de ubicar a su socio de la financiera para observarlo desde esta situación privilegiada. No le resulto difícil conseguirlo. Pero lo agarró en un mal momento. En ese preciso instante su colega esta estafando a una pobre mujer viuda mediante un crédito bochornoso que terminaría de hundirla en la miseria por sécula seculorum. (En el cielo todavía se entiende latín). Y al ver con meridiana claridad la cochinada que su socio estaba por realizar, le subió al corazón un profundo deseo de justicia. Nunca le había pasado en la tierra. Pero, claro, ahora estaba en el cielo. Fue tan ardiente este deseo de hacer justicia, que sin pensar en otra cosa, buscó a tientas debajo de la mesa del banquito de Tata Dios, y revoleándolo por sobre su cabeza lo lanzó a la tierra con una tremenda puntería. Con semejante teleobjetivo el tiro fue certero. El banquito le pegó un formidable golpe a su socio, tumbándolo allí mismo.
En ese momento se sintió en el cielo una gran algarabía. Era Tata Dios que retornaba con sus angelitos, sus santas vírgenes, confesores y mártires, luego de un día de picnic realizado en los collados eternos. La alegría de todos se expresaba hasta por los poros del alma, haciendo una batahola celestial.
Nuestro amigo se sobresalto. Como era pura alma, el alma no se le fue a los pies, sino que se trató de esconder detrás del armario de las indulgencias. Pero ustedes comprenderás que la cosa no le sirvió de nada. Porque a los ojos de Dios todo está patente. Así que fue no más entrar y llamarlo a su presencia. Pero Dios no estaba irritado. Gozaba de muy buen humor, como siempre. Simplemente le preguntó qué estaba haciendo.
La pobre alma trató de explicar balbuceando que había entrado a la gloria, porque estando la puerta abierta nadie la había respondido y el quería pedir permiso, pero no sabía a quién.
-No, no — le dijo Tata Dios — no te pregunto eso. Todo está muy bien. Lo que te pregunto es lo que hiciste con mi banquito donde apoyo los pies.
Reconfortado por la misericordiosa manera de ser de Tata Dios, el pobre tipo fue animado y le contó que había entrado en su despacho, había visto el escritorio y encima los anteojos, y que no había resistido la tentación de colocárselos para echarle una miradita al mundo. Que le pedía perdón por el atrevimiento.
-No, no — volvió a decirle Tata Dios — Todo eso está muy bien. No hay nada que perdona. Mi deseo profundo es que todos los hombres fueran capaces de mirar el mundo como yo lo veo. En eso no hay pecado. Pero hiciste algo más. ¿Qué pasó con mi banquito donde apoyo los pies?
Ahora sí el ánima bendita se encontró animada del todo. Le contó a Tata Dios en forma apasionada que había estado observando a su socio justamente cuando cometía una tremenda injusticia y que le había subido al alma un gran deseo de justicia, y que sin pensar en nada había manoteado el banquito y se lo había arrojado por el lomo.
-¡Ah, no! — volvió a decirle Tata Dios. Ahí te equivocaste. No te diste cuenta de que si bien te había puesto mis anteojos, te faltaba tener mi corazón. Imagínate que si yo cada vez que veo una injusticia en la tierra me decidiera a tirarles un banquito, no alcanzarían los carpinteros de todo el universo para abastecerme de proyectiles. No m’hijo. No. Hay que tener mucho cuidado con ponerse mis anteojos, si no se está bien seguro de tener también mi corazón. Sólo tiene derecho a juzgar, el que tiene el poder de salvar.
-Vuelve ahora a la tierra. Y en penitencia, durante cinco años reza todo los días esta jaculatoria: “Jesús, manso y humilde de corazón dame un corazón semejante al tuyo”.
Y el hombre se despertó todo transpirado, observando por la ventana entreabierta que el sol ya había salido y que afuera cantaban los pajaritos.
Hay historias que parecen sueños. Y sueños que podrían cambiar la historia.
Este cuento nos sirvió para reflexionar junto con el evangelio de Lucas 1, 26 – 38.
Nos despedimos sabiéndonos invitados a continuar con Cristo la tarea de construir el Reino, anunciandola BuenaNuevadel Evangelio. Dimos gracias a Dios por todo lo que nos ha regalado durante este año en el colegio. Le pedimos a nuestra Madre, María, que nos acompañe siempre, que proteja nuestras familias y nos ayude a continuar sirviendo con alegría.